A diario nos encontramos con miradas de todo tipo distraídas serias, atentas, alegres, desinteresadas, curiosas y las hay que te intimidan, odio estás últimas. Pero las miradas tristes, son de esas que no puedes dejar de ver aunque duelan. Van acompañadas de rostros cansados, solitarios y sin brillo en los ojos. Son difíciles de ver muy pocos las encontramos. Si tienes la suerte o desgracia de toparte con una, pues no siempre es fácil de encontrar y además no surgen de la noche a la mañana, es decir para poder percibir la profundidad de esa mirada tienes que ver al menos a esa persona tres veces, ya que la primera vez que la veas no te suele decir mucho por no decir nada, pero una vez que esa mirada triste se cruce con la tuya te atrapará e incluso en mi caso te enamorará saber que su mirada te está transmitiendo mucho más que sus palabras.
Una de esas mirada, la que vi en sus ojos, son de esas que no se olvidan. Parecía que su alma le había abandonado, era una mirada fría, vacía y sin expresión, una mirada a la que irrefrenablemente te gustaría ayudarla a recuperar su brillo. Tenia algo que no supe descifrar y aunque ahora es un caso cerrado, sus pruebas rondan de vez en cuando por mi cabeza, pues su mirada fue la que extrañamente llamo mi atención.
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