No se puede huir de las falsedades, de las mentiras. O mejor dicho, se puede huir durante algún tiempo, pero después, cuando menos te lo esperas, vuelven a brotar y ya no son manejables,se han convertido en monstruos horribles. Las descubres y un segundo después te atropellan, te devoran y contigo todo lo que te rodea. Por eso hay que reconocerlos y no huir, afrontarlos es el primer paso.
En el pueblo me he encontrado con muchas personas que me han recordado a mis abuelos paternos y es que los recuerdos tristes duermen largo tiempo en las cuevas de nuestra memoria: se mantienen allí durante años, la vida entera. Después de un buen día vuelven, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso como lo era aquel día de hace tantos años.
¿Sabes cuál es nuestro error de siempre? Creemos que la vida es fija, que una vez nos metemos en un camino hemos de recorrerlo hasta el final. Pero el destino no es así, tiene mucha más fantasía que nosotros. Cuando crees encontrarte en una situación que no tiene escapatoria, viene una ráfaga de viento y cambia todo y de un momento a otro te encuentras viviendo una nueva vida.
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